jueves, 8 de mayo de 2014

Hijos Nuestros.

Una pequeña historia
 les voy a contar
 niños míos
 hijos de mi corazón

Los he amado desde siempre
soy su madre
soy su protectora
el mundo me trajo a luz
sólo para cumplir mi misión:
hacerlos reír, reconfortarlos y enseñarlos.

Los he anhelado desde siempre
desde antes
desde la oscuridad

y entre tardes hermosas
y cálidas
en donde, desde mi ventana,
puedo contar las parejas
que de la mano pasean por el parque
he rezado por sus nombres
por sus almas

La historia que tengo para ustedes
trata de una señorita
con un corazón de cristal
y una cara
que fugaba su expresión
como si no perteneciera al mundo.
A ella le dolía la vida
y a pesar de eso,
cada vez que lloraba
una matita
crecía en el patio
ella, era infinitamente hermosa
y se sentía torpe, caminando por la calle
A veces se mareaba de ver tantas personas
y debía sentarse
sentada
se quitaba los zapatos e imaginaba que estaba en el mar.

Caminando por la playa
recogía conchitas blancas
que las niñas inditas
siembran para las mujeres torpes
visitantes de ciudad
que a penas saben cuidarse de los zancudos
y del sol
y desde su lugar en la arena
veía el atardecer
cálido y lejano
rezando
por mí.

Y yo, a pesar del ruido del mundo asqueroso e perene
a veces
podía
escucharla
murmurar
 mi nombre
como un suspiro
de espuma
y extinción
que llevaba consigo
mi dolor
lejos de aquí
y así pude seguir
en el mundo ajeno
y amarlos


desde antes

desde la oscuridad.

miércoles, 30 de abril de 2014

*W O R K I N G*

http://noticiascyh.blogspot.com/2014/04/primera-carta-oficial-colegas-para.html



"La ensoñación ha sido un alelo olvidado por la teatralidad más que por la música, ya que no usa todas sus facultades psíquicas y sensitivas, dejándola atrapada entre las paginas y párrafos de hermosas obras literarias y externas visuales. Hay un gran valor en las experiencias individuales-subjetivas en el conjunto, en los grupos, que debe ser salvada y explotada. Cada persona tiene una alta materia prima que debemos recuperar y utilizar, emancipar por medio de la experiencia artística, también nuestros sueños pueden ser verbalizados."

domingo, 27 de abril de 2014

La cálida melancolía de la neblina

A veces no puedo evitar,
 pequeño ser,
que me invada la ternura.
Cuando baja la neblina
 y se posa sobre el piso del corredor,
 sobre las plantas
y tus pies, no puedo evitar,
 pequeño ser,
que me invada la ternura.
Hay algo cálido
en la melancolía de la neblina,
 en la humedad de la tarde,
 en el color del cielo
 y no puedo evitar,
pequeño ser,
sentirme así de feliz.

Quisiera poder llorar
 y que en mi pecho,
se despeje el cielo,
como este cielo,
 hermoso y claro,
que se deja ver
mientras baja la neblina,
y se posa en el piso del corredor,
 en las plantas
y en los dedos de tus pies.

 Quisiera tener la carne amarga, quisiera destruirte, quisiera que... quisiera que mi sangre fuese ácido, y derramarla sobre vos, pero, no puedo evitar que me invada la ternura al ver la melancolía de la neblina, pequeño ser.

             "Andá afuera y recojé agujas secas de ciprés y hagamos nidos para los pájaros."

Hay muchos pájaros en el jardín. 
Sin embargo, 
nunca se van a acercar a vos 
pequeño ser. 
Es mejor
 hacerles nidos, 
verlos a lo lejos 
hacer su vida, 
en los árboles, 
en esta casa. 
Hay muchos escarabajos en el baño,
 y muchas cucarachas en la cocina.
 Podés contarlas a todas, 
pero de una u otra manera 
mueren, 
no hay forma de salvarles.
 Andá afuera y recojé agujas secas 
de ciprés 
y hagamos nidos 
para los pájaros,
 a esos si podemos nombrarlos 
y llamarlos 
con silbidos.

Anoche fue una noche triste y solitaria, y los escarabajos se movía en la oscuridad. Por un momento te perdí... te perdí. El lodo llegaba hasta el pecho y me ahogó, me atasqué en él, me... yo me... tenía miedo a la oscuridad, ay pequeño ser, anoche fue una noche triste y solitaria. Podés contar las gotas, pero de alguna u otra manera, mueren, la lluvia muere al caer contra el suelo. A veces no puedo evitar, pequeño ser, que me invada el terror, cuando me doy cuenta que todo es una realidad pesadillesca, que no hay vuelta atrás, no hay, no hay, no hay nada, sólo lodo destructivo y cochino, que trepa hasta el techo a como trepan las polillas a la luz, podés contarlas pero de alguna u otra forma mueren. 

En estas tardes 
cuando baja la neblina y se posa
sobre el piso del corredor,
y te veo recoger agujas secas de cipres, 
no puedo evitar, 
pequeño ser,
que me invada la ternura.